Estudié arquitectura en la UBA y trabajé seis años con Aníbal Lanusse antes de fundar Estudio G. Desde entonces, dirijo un equipo pequeño que prefiere pocos proyectos por año, hechos de cerca.
Trabajo entre Buenos Aires y Punta del Este, en casas de familia, departamentos, y de tanto en tanto un hotel o un restaurante. Lo que une todos los proyectos es una manera lenta de mirar.
La mayoría de las casas no necesitan más cosas: necesitan que les saquen de encima lo que no funciona. Empezamos por ahí, casi siempre.
Los muebles heredados, las maderas viejas, los espejos manchados. Todo lo que tiene historia se queda. Lo nuevo se suma con cuidado de no gritar.
No hay una receta. Cada casa tiene su luz, sus dueños, su vecindario, su humedad. El proyecto sale de escuchar todo eso primero.
Desde la primera reunión hasta el styling final. Diseño, dirección de obra, mobiliario, iluminación, textiles. La forma más completa de trabajar.
Cuando hay que tocar paredes, mover instalaciones o repensar la planta. Trabajamos con un equipo de obra de confianza, conocido desde hace años.
Para casas que ya están, pero piden una segunda mirada. Una visita, un informe, una hoja de ruta. Útil para clientes que prefieren ejecutar por su cuenta.
Hoteles boutique, restaurantes, espacios de uso comercial. Proyectos donde el diseño tiene que sostenerse al uso diario y a las miradas ajenas.
Una conversación larga en la casa. Sin presupuesto, sin compromiso. Es donde aprendemos cómo se vive antes de empezar a dibujar.
Una dirección creativa con paleta, referencias, plantas y un primer guion de espacios. Lo presentamos en una segunda reunión.
Planos ejecutivos, planillas, especificaciones. Todo lo que la obra necesita para empezar. Aprobaciones por escrito.
Dirección semanal en el sitio. Coordinación con proveedores, artesanos, talleres. Es la etapa más larga, también la más interesante.
Mobiliario, iluminación, textiles, objetos. El último mes es siempre styling: vivir la casa una semana antes de entregarla.
Para cada proyecto sumamos artesanos, talleres y proveedores con los que venimos trabajando hace más de diez años.
Tomamos cuatro o cinco proyectos integrales al año. Eso es deliberado: nos permite estar en obra todas las semanas, conocer a los dueños, y entregar casas que se sienten cuidadas.